Playa del Carmen

A finales del 2020, en diciembre viajamos a Playa del Carmen con el objetivo de estar cara a cara con unos de los depredadores marinos más imponentes en el planeta y para conocer un mundo submarino completamente diferente a lo que estábamos acostumbrados. 

Volamos Ciudad de México-Cancún y tomamos un camión hacia Playa del Carmen. Al llegar aprovechamos para descansar. La mañana siguiente nos despertamos temprano y nos dirigimos a la tienda de buceo de Dive Mike en donde Jorge Suárez nos atendió y nos dio una explicación de lo que serían los siguientes buceos. 

Subimos a la lancha y salimos a nuestro primer sitio de buceo. Entramos al agua, nos sumergimos y vimos la diversa flora y fauna del lugar. Después de aproximadamente una hora salimos. Nos dirigimos a unos cuantos cientos de metros de la costa de las playas principales de Playa del Carmen, en donde muchos no se imaginan lo que se encuentra en el fondo del agua. De noviembre a marzo, hembras de tiburón toro embarazadas, recorren un peligroso camino para llegar a costas mexicanas.

Preparamos una vez más todo el equipo y repasamos lo que se hay que hacer y no hacer durante el buceo al estar frente a estos hermosos animales de más de 2 metros de largo. 

Entramos con una técnica de back roll y nos sumergimos unos 20 metros hasta llegar al fondo en donde agarramos una cuerda y acostados boca abajo esperamos. Después de unos cuantos segundos aparecieron los primeros tiburones toro. Es una experiencia tan increíble que es muy difícil de describir. Son unos animales hermosos y los más malentendidos del mar. Poco a poco llegaron más y más al punto en donde estuvimos con unos 15 tiburones al mismo tiempo. La primera vez que ves un tiburón es algo impactante por su tamaño, dientes y fuerza, pero después de tan solo estar unos minutos con ellos no se siente más que paz y admiración por esta imponente y vital especie. Son animales salvajes y tenemos que tomar todas nuestras precauciones para evitar algún accidente, pero no son las máquinas asesinas que todas las películas nos han pintado durante todos estos años. Después de 40 minutos de buceo ya era hora de subir. Durante este viaje tuvimos la oportunidad de bajar 2 veces con estas hermosas hembras de tiburón toro. 

Durante los siguientes 2 días recorrimos una ruta de cenotes. Tuvimos la oportunidad de visitar 2 diarios. Esta experiencia es completamente diferente a bucear en el mar. El agua de un cenote es bastante fría por lo que un traje de neopreno de unos 5 mm más capucha y pechera es recomendable para no pasar frío. Para estos profundos buceos usar nitrox es muy importante.   

Manejamos una hora para llegar al primer cenote llamado “Angelita”. Hicimos una pequeña caminata por la selva para llegar a la entrada, nos equipamos, entramos al agua y después de revisar el equipo una vez más nos sumergimos. Es un lugar que parece de otro mundo. A unos 30 metros se forma una capa de sulfuro de ácido que da unas vistas difíciles de creer.

Salimos, subimos las cosas a la camioneta y nos fuimos a Aktun Ha (Car wash), un cenote cavernoso de 50 metros de diámetro. Entramos a la caverna en donde se oscureció todo y con las linternas y cuerdas de vida nos guiamos hasta ver luz otra vez. Es un cenote con formaciones increíbles. Al salir regresamos a Playa del Carmen para descansar después de un largo día de buceo.

Una vez más despertamos temprano, cargamos los tanques a la camioneta y salimos al siguiente cenote. Manejamos casi una hora desde la tienda de buceo de Dive Mike al Cenote Zapote Eco Park en Puerto Morelos para bucear un cenote de 52 metros de profundidad conocido como Hells Bells.  Al llegar a la profundidad máxima de nuestro buceo (35m) nos encontramos con escombros de árboles, restos de lo que había colapsado y una capa de ácido sulfhídrico. A los costados encontramos unas extrañas formaciones conocidas como campanas del inframundo, estructuras que cuelgan desde el techo con forma de campana y  alcanzan hasta dos metros de alto y 80 centímetros de diámetro, tienen alrededor de  4,500 a 300 años. En este cenote se encontró un esqueleto de un gigantesco oso perezoso de miles de años de antigüedad.

Al terminar nos dirigimos al último cenote del viaje. Manejamos solamente 5 minutos y llegamos a Kin Ha, un cenote de unos 40 metros de profundidad, con forma de cueva y aberturas en el techo por donde entra vegetación y los rayos del sol que crean espectáculos irreales de luz. Equipados tuvimos una corta caminata hasta llegar a la estrecha entrada del cenote. Bajamos por las escaleras y empezamos nuestro buceo.

Estos juegos de luz en el agua te relajan y llenan de paz, es difícil creer lo que se ve. Bucear en cenotes fue una experiencia completamente diferente, pero que sin duda se tiene que repetir. 

Regresamos a Playa del Carmen y por los buceos dejamos pasar un día más para poder volar y regresar a salvo a la CDMX.

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