Pinacate

y Gran Desierto de Altar


Expedición a cráteres y desierto

Enero 2021

En enero de 2021, junto con nuestro buen amigo y fotógrafo Fer O’Farrill, viajamos a uno de los lugares más increíbles que hemos visitado. Un lugar que parece de otro mundo, un lugar lleno de cráteres en donde los astronautas entrenaban para las misiones lunares, con un desierto lleno de vida, de hecho el más biodiverso del planeta, y en donde las dunas se juntan con el mar. Viajamos a Sonora, a la Reserva de la Biosfera del Pinacate y Gran Desierto de Altar.

La planeación y logística fueron clave para esta expedición ya que por COVID-19 y regulaciones había varias limitaciones. También por lo remoto y en la intemperie que estaríamos viviendo durante el viaje.

Llegada

Para llegar volamos de la Ciudad de México a Mexicali, Baja California Norte, en dónde recogimos una camioneta pick up, la cuál sería nuestra casa por los siguientes 5 días. Pasamos al super por comida, también compramos leña y bidones para guardar gasolina extra ya que estaríamos alejados de la civilización por varios días. Manejamos unas horas de Baja California Norte a Sonora, pegados a la frontera con Estados Unidos y poco antes de que oscureciera llegamos a la entrada norte de la reserva.

Nos dirigimos hacia el sur, al lugar en donde acamparíamos esa noche: el "Tecolote". Con un impresionante atardecer, pintado de hermosos colores y con los últimos rayos de luz, pusimos las tiendas de campaña. Minutos después había oscurecido y la temperatura empezaba a bajar. El desierto es un lugar muy extremista en donde en el día pueden haber temperaturas muy altas, en este lugar en verano se puede llegar hasta los 50º C y en las noches baja mucho acercándose o pasando temperaturas bajo 0º. Así que pusimos leña que llevábamos y prendimos una fogata. Sin darnos cuenta, volteamos hacía el cielo y quedamos sorprendidos, difícil de describir, ya que ni las fotos hacen justicia a la cantidad de estrellas que podíamos ver. Se apreciaba la curvatura de la Tierra, planetas, Andrómeda (la galaxia más cercana a la nuestra), también estrellas fugaces. Te hace pensar lo diminutos que somos. Aprovechamos para explorar un rato y buscar animales ya que en estos lugares muchos son nocturnos para evitar el calor del día. Sin encontrar nada regresamos al campamento y dormimos para empezar temprano nuestro siguiente día.


 

Día 1

Nos despertamos y todavía sin luz recogimos el campamento para manejar hacia el cráter “El Elegante” y poder ver desde ahí el amanecer. Este es un gigantesco cráter tipo maar con aproximadamente 1.5 kilómetros de diámetro. Estacionamos la camioneta y después de una corta caminata, con los primeros rayos de luz, vimos un increíble paisaje. Buscamos y probamos con diferentes encuadres para tomar fotos de paisaje. Después de un rato de explorar, bajamos y aprovechando que todavía era temprano desayunamos y dormimos un rato para seguir con el día.

Manejamos al “Campamento Dunas”, un terreno plano de arena y tierra, en donde encontramos las rocas volcánicas de lo que alguna vez fue un río de lava, y mientras caminábamos, entre la arena aparecieron unos escarabajos negros, esta especie se llama pinacate y de aquí, el nombre que se le dió a la reserva.  

Antes de que oscureciera caminamos hacia las dunas, una distancia corta pero que al ser arena y tener elevación se nos dificulto un poco más de lo esperado. Finalmente llegamos a una duna bastante alta en donde podíamos ver el paisaje desde otra perspectiva. A lo lejos, de un lado teníamos el mar y al otro lado las montañas. En cuanto empezó a bajar el sol y a ponerse el atardecer, con hermosos colores y las sombras de los rayos de luz, se hicieron unas texturas increíbles en las dunas y montañas. Perfecto lugar para sacar el drone. Hicimos tomas de todos los ángulos y quedamos muy satisfechos con los resultados.

Antes de que anocheciera empezamos a bajar y a montar el campamento otra vez. Ya completamente oscuro, con el cielo despejado y sin contaminación de luz, nos tocó otro increíble cielo estrellado. Esta vez pudimos ver pasar la estación internacional espacial. Después de un rato y con mucho frío nos fuimos a dormir.

Día 2

Recogimos el camp y caminamos por los ríos de roca volcánica hacia las montañas para tomar unas fotos del amanecer. Al terminar y con los primeros rayos de luz empezamos a explorar la reserva en busca de animales. Principalmente rapaces (aves de presa), borrego cimarrón y coyotes. 

Para las rapaces buscamos ramas y saguaros en donde se pudieran parar (perchar). Recorrimos el desierto para encontrarlos, también muy atentos del cielo ya que constantemente están sobrevolando buscando alguna presa. En varias ocasiones los encontramos, desde pequeñas aves hasta imponentes halcones. Aprendimos mucho de su comportamiento y como poder fotografiarlos.

Para los coyotes Fer nos enseñó una técnica que se convirtió en una de nuestras actividades favoritas. Consiste en usar técnicas de rastreo y camuflaje para mezclarnos con el entorno y pasar desapercibidos con los animales. Encontramos el lugar perfecto, un corredor natural por donde pasan los animales. Tomando en cuenta el viento y muy silenciosos, nos sentamos con mantas de camuflaje a esperar. Esto es de paciencia y sin garantía de nada. Después de aproximadamente media hora pasó el primer coyote. Sin darse cuenta en donde estábamos empezamos a tomarle fotos. Uno de los grandes retos para nosotros fue la falta de equipo, empezando por los lentes telefoto los cuales son sumamente necesarios para este tipo de fotos.

Manejamos a otro cráter para comer y descansar. Terminando teníamos el objetivo de fotografiar al borrego cimarrón pero desafortunadamente solo vimos uno con binoculares muy a lo lejos, así es esto. 

En la noche noche regresamos a la zona del campamento del primer día y después de montar todo, salimos en la camioneta y con luces a buscar aves nocturnas como búhos, tecolotes o lechuzas. Para hacerlo apuntábamos con la linterna a las ramas y saguaros esperando que la luz reflejara sus ojos y así encontrarlos. Desafortunadamente no tuvimos suerte y regresamos a dormir.

Día 3

Lo curioso de este viaje y para bien de nosotros es que por la pandemia había muchas regulaciones y limitaciones para viajar, mucha gente no se animaba y los tours estaban suspendidos así que visitamos el museo “Schuk Toak” y durante todo el tiempo que estuvimos dentro de la reserva no vimos a nadie, más que a la persona que atendía el museo. Vale mucho la pena conocer este museo en donde aprendimos muchas cosas más sobre el ecosistema, especies e historia de este lugar. 

Terminando nos dirigimos hacia la Sierra del Pinacate para poner el campamento en “Cono Rojo” que se le llama así por la piedra roja que tiene. Con todavía buena luz salimos a hacer un hike por la sierra desde donde pudimos ver el Cerro del Pinacate. Por tiempo de luz y seguridad decidimos no subirlo pero pudimos disfrutar de un gran hike. Regresamos al campamento, cenamos y preparamos todo para nuestra última noche de campamento y del viaje. 

Día 4

Después de 5 noches acampando en el desierto, alejados de la civilización, explorando dunas y cráteres, buscando y fotografiando animales, el viaje se nos estaba acabando. Nuestro vuelo salía por la noche y todavía teníamos un camino de varias horas de terracería y carretera para llegar al aeropuerto así que muy temprano recogimos todo y aprovechamos nuestro último amanecer antes de salir. Manejamos hacia el sur, pasando por Puerto Peñasco para tomar la carretera y dirigirnos de regreso a Mexicali. El terreno de estos lugares nunca deja de impresionar. Las vistas desde la carretera parecían de otro planeta. Del lado izquierdo tenemos el mar y a lo lejos la península de Baja, del lado derecho formaciones muy raras de roca, a lo lejos las dunas y el desierto hasta que llegamos al punto en donde se juntaban. 

Queríamos visitar el mar aprovechando que estábamos ahí. Para cerrar la aventura y con un poco de tiempo de sobra nos acercamos a una playa que encontramos en el mapa pero tan solo entramos, la camioneta se atoro. Afortunadamente nos sobró leña del campamento, cavamos hoyos detrás de las llantas y acomodamos los trozos de madera, bajamos todo el equipo y maletas para aligerar la pickup y finalmente, después de una hora, mucho esfuerzo y preocupación de perder el vuelo logramos salir. Regresamos a la carretera y unas horas después estábamos a salvo y a tiempo en el aeropuerto listos para abordar y regresar a casa. 

Ha sido un viaje como ningún otro, sin duda uno de nuestros favoritos y que quedará para el recuerdo como una gran aventura y al que esperamos con ansias regresar. Los paisajes, los animales, las noches estrelladas y todo eso en México sin necesidad de cruzar el mundo para poder vivir una experiencia así de increíble.

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